Cuando confundí bicarbonato con sal y casi me exfolio el alma”
📜 Introducción:
La belleza natural tiene su lado oscuro. Un lado lleno de optimismo mal enfocado, ingredientes mal identificados y decisiones tomadas con fe ciega y cero lógica.
Hoy te cuento el día que aprendí que no todo lo blanco y en polvo es bueno para la cara (ni para el ego).
🧪 El plan: Mascarilla exfoliante con bicarbonato y miel
Objetivo: limpiar los poros
Realidad: abrir un portal al ardor facial
Lo que necesitaba:
- 1 cucharadita de bicarbonato de sodio
- 1 cucharada de miel
- Un poco de agua tibia
Lo que usé por accidente:
- Sal fina de mesa.
- La que va en el arroz.
- La que jamás debería tocar tu rostro en forma cruda.
🔥 El resultado:
Al principio pensé: “qué exfoliación intensa, esto debe estar funcionando”.
A los 30 segundos: “mi cara se está derritiendo”.
A los 45: “soy un camarón. Un camarón con principios.”
Corrí al baño, me enjuagué con lágrimas y agua fría, y me prometí leer etiquetas como si fueran contratos millonarios.
🧼 ¿Qué aprendí?
- El bicarbonato no es sal.
- La sal no es amorosa.
- El autocuidado no debería doler tanto.
- Y mi espejo ya no me respeta.
😅 Moraleja:
Hacer cosas caseras está buenísimo… si usás los ingredientes correctos.
Y si no lo hacés, al menos documentalo, porque el internet ama a la gente que falla con gracia.
¿Y tu?
¿Qué receta facial te hizo cuestionar tus decisiones de vida?
Contámelo abajo. Que si ya nos vamos a reír, mejor que sea juntxs.
